Como fisioterapeutas vemos a diario, en nuestra clínica de fisioterapia y centro médico Trauma Granada, pacientes que acuden por una contractura muscular. Una de cada dos personas en España sufren este tipo de dolencia, según el barómetro del dolor crónico de España. El problema es que la mayoría piensa que se trata de una molestia pasajera. Pese a ser tan frecuente, muchas personas desconocen el riesgo de no recibir tratamiento para esta dolencia; también se suele ignorar que la hipertonía muscular es el término médico que utilizamos para las contracturas y para describir el aumento anormal y persistente del tono muscular. Se manifiesta como rigidez y tensión mantenida incluso en reposo. La hipertonía muscular es una contracción involuntaria, mantenida y dolorosa de un grupo de fibras musculares que no cede con el reposo y que, si no se trata correctamente, puede acabar afectando de forma importante a la calidad de vida.
Aunque no se consideran lesiones graves en un primer momento, las contracturas son una de las principales causas de dolor musculoesquelético crónico. Desde nuestra experiencia clínica, tratar estas dolencias mediante fisioterapia no solo permite aliviar el dolor inmediato, sino que es fundamental para prevenir complicaciones como la atrofia muscular, la pérdida de movilidad o la compresión de nervios adyacentes.
El origen y la fisiopatología de la contractura muscular
A nivel fisiológico, la contractura se produce por una alteración del tono muscular que provoca un acortamiento persistente del músculo. Este aumento de tensión dificulta la correcta circulación sanguínea en la zona y reduce el aporte de oxígeno y nutrientes necesarios para el funcionamiento normal del tejido muscular.

Cuando el músculo no recibe suficiente riego, se queda sin energía y comienza a acumular sustancias de desecho metabólico. Esta acumulación irrita las terminaciones nerviosas y genera inflamación, rigidez y dolor. En consulta explicamos a nuestros pacientes que este proceso crea un círculo vicioso: el dolor genera más tensión y la tensión perpetúa el dolor. Sin una intervención fisioterapéutica adecuada, este ciclo no se rompe por sí solo.
Causas y factores de riesgo más habituales
Las contracturas pueden aparecer por múltiples causas y en muchos casos confluyen varios factores. Uno de los más frecuentes es el sobreesfuerzo físico, especialmente cuando se realizan movimientos bruscos, ejercicios mal ejecutados o actividades intensas sin una preparación adecuada de la musculatura.
En otras ocasiones, la contractura actúa como un mecanismo de defensa del propio cuerpo. Tras un traumatismo o una lesión articular, el músculo se contrae para proteger la zona afectada, lo que conocemos como antalgia. También observamos muchas contracturas relacionadas con factores posturales y laborales, como mantener posturas estáticas prolongadas frente al ordenador, conducir durante muchas horas o realizar movimientos repetitivos de forma continuada.

No podemos olvidar el componente emocional. El estrés, la ansiedad y la tensión psicológica mantienen al cuerpo en un estado de alerta constante que favorece la aparición de contracturas, especialmente en cuello, hombros y espalda. Además, los desequilibrios metabólicos, como la deshidratación o la falta de minerales esenciales (magnesio, potasio) o glucosa, influyen directamente en el correcto funcionamiento muscular.
Síntomas que nos indican una contractura
El síntoma más evidente es el dolor localizado, aunque en muchos casos puede irradiarse a otras zonas. Durante la exploración física solemos detectar nódulos o “nudos” palpables, con una consistencia dura y dolorosa al tacto.
Es frecuente que el paciente note rigidez, pérdida de flexibilidad y limitación del movimiento, lo que dificulta actividades tan cotidianas como vestirse, trabajar o dormir. La zona afectada suele presentar una marcada hipersensibilidad y, en el caso de las contracturas cervicales, pueden aparecer síntomas asociados como cefaleas, mareos, vértigos o migrañas.
El tratamiento con fisioterapia: nuestro tratamiento en Trauma Granada
Desde el punto de vista fisioterapéutico, la fisioterapia es el tratamiento más eficaz para restaurar la salud del tejido muscular. Nuestro objetivo no es solo aliviar el dolor, sino normalizar el tono muscular, mejorar la circulación, eliminar toxinas acumuladas y devolver al músculo su elasticidad y función normal.
Para ello, mis compañeros fisioterapeutas y yo utilizamos técnicas de terapia manual y masoterapia descontracturante que favorecen el flujo sanguíneo y la relajación muscular. La liberación miofascial nos permite trabajar las restricciones del tejido conectivo y mejora la movilidad global. Los estiramientos terapéuticos, siempre supervisados, ayudan a recuperar la longitud normal del músculo y a prevenir recaídas. Además, dedicamos especial atención a la reeducación postural, ya que corregir los hábitos que originaron la lesión es clave para evitar que el problema reaparezca.

Maquinaria y agentes físicos en el tratamiento
En nuestra práctica clínica, complementamos el tratamiento manual con tecnología avanzada cuando el caso lo requiere. La termoterapia, mediante la aplicación de calor, ayuda a relajar el músculo y disminuir el dolor. La electroterapia analgésica (TENS) permite modular la señal dolorosa y mejorar el confort del paciente.
La punción seca es una técnica especialmente eficaz para desactivar puntos gatillo profundos responsables de contracturas persistentes. También utilizamos terapia láser por sus efectos antiinflamatorios y analgésicos, e iontoforesis para facilitar la introducción localizada de fármacos a través de la piel mediante corrientes de baja intensidad.

La prevención: una parte esencial del tratamiento
Siempre insistimos en que la prevención es clave para evitar recaídas. Mantener una rutina de estiramientos, hidratarse adecuadamente, cuidar la alimentación y el descanso, y realizar ejercicio físico de forma regular ayuda a mantener un buen estado muscular. Del mismo modo, aprender a gestionar el estrés es fundamental para evitar que la tensión emocional se traduzca en tensión muscular.
Qué ocurre cuando no se trata una contractura
Desde nuestra experiencia, no tratar una contractura a tiempo puede transformar una molestia puntual en un problema crónico. El dolor puede mantenerse durante años, acompañado de pérdida de movilidad y atrofia muscular. Los principales riesgos y complicaciones de no recibir el tratamiento adecuado son los siguientes:
• Cronificación del dolor y la lesión: una contractura que no se aborda corre el riesgo de volverse crónica, lo que implica sufrir dolor constante y recurrente en la zona afectada,. Este estado de dolor persistente puede durar años; de hecho, se estima que los pacientes con dolor crónico (causado en gran medida por contracturas) padecen la enfermedad durante una media de 6,8 años.
• Atrofia muscular y pérdida de movilidad: la contracción sostenida limita severamente el movimiento. Si esta falta de movilidad se prolonga, puede derivar en una atrofia muscular, lo que reduce tanto el tamaño como la fuerza del músculo afectado.
• Lesiones por compensación: para aliviar el dolor y la limitación funcional, el cuerpo tiende de forma natural a adoptar posturas anómalas. Estas posturas de compensación sobrecargan otras áreas del cuerpo, lo que termina originando nuevas contracturas y lesiones en zonas que inicialmente estaban sanas.
• Compresión de nervios adyacentes: en ocasiones, la tensión muscular es tan severa que puede comprimir los nervios cercanos. Esto provoca síntomas neurológicos adicionales como entumecimiento, debilidad o dolor neuropático. En casos cervicales, esto puede manifestarse también a través de mareos, vértigos o migrañas.
• Impacto en la salud mental: existe una correlación directa entre el dolor musculoesquelético no resuelto y el bienestar emocional. Las fuentes indican que el dolor crónico derivado de estas afecciones provoca que un 22,2% de los pacientes padezca depresión y un 27,6% sufra ansiedad.
• Limitación en la vida diaria y laboral: una contractura no tratada puede llegar a ser incapacitante, dificulta tareas básicas como levantarse de la cama, vestirse o ducharse. A nivel profesional, esto se traduce en una alta probabilidad de requerir baja laboral (con una media de casi 5 meses) o incluso la necesidad de abandonar el puesto de trabajo.

En resumen, aunque una contractura no se considera inicialmente una lesión grave, su mantenimiento en el tiempo afecta a otras estructuras y degrada significativamente la funcionalidad y la calidad de vida del paciente.
Tratar a tiempo es fundamental
Como fisioterapeutas, sabemos que una contractura no debe normalizarse ni dejarse evolucionar. Tratarla de forma temprana es la mejor manera de evitar complicaciones y recuperar la calidad de vida.
En nuestra clínica de fisioterapia Trauma Granada, abordamos cada caso de forma individualizada, combinando fisioterapia especializada y valoración médica en un entorno clínico de referencia en Granada y en Andalucía.
Si sufres dolor muscular, rigidez o sospechas que puedes tener una contractura, contacta con nosotros de inmediato. Ofrecemos cita inmediata para valorar tu caso y comenzar el tratamiento cuanto antes. Tu recuperación empieza hoy.
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